Este siglo que acabamos de empezar ya está caracterizándose en un determinado sentido, aunque no todos lo advierten. Tenemos las consabidas guerras (NO SIN IMPORTANCIA, POR SUPUESTO), EL CAMBIO CLIMÁTICO, EL FIN DE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES, LA CRISIIS ECONÓMICA FINANCIERA, etc.
Pero, si miramos más profundamente en la sociedad en que vivimos observamos algo nuevo (bueno, no del todo nuevo), que está cristalizando a grandes pasos. Todo comenzó, fundamentalmente, en el siglo XX. Las dos guerras mundiales llevaron a la sociedad a plantearse foros de debate “preventivos”, en donde se pudieran discutir los asuntos problemáticos sin llegar a una horrible conflagración.
Surge así la Sociedad de Naciones en 1920, tras la 1ª Guerra Mundial y, posteriormente, la ONU en 1945. La ONU se encargará de redactar la “Carta de Derechos Humanos”. Y, pese a su estructura semidemocrática (recordemos el derecho a veto de los países más fuertes), la ONU se ha ganado un gran prestigio en la segunda mitad del siglo XX. Su maquinaria, dividida en distintas áreas de interés (por ejemplo, La UNESCO, UNICEF, etc), va ayudando a los países civilizados, a través de sus “recomendaciones” –que no mandatos– a elaborar los cimientos de los modernos países y regímenes democráticos, y propicia las bases de la caída del muro de Berlín, aunque no consigue del todo el desmantelamiento de los bloques este-oeste, ni las diferencias económicas norte-sur, que, por el contrario se han acrecentado, fruto del liberalismo económico salvaje.
Este siglo XXI, que ahora afrontamos, hijo del anterior, tiene rasgos heredados, como todo buen hijo: defectos y virtudes. Pero hay ese “algo nuevo” a que hacíamos referencia más arriba. Algunos me tacharán de iluso si digo que se trata de un cierto olor a Espiritualidad Y Movimiento Ciudadano. Sí, la Espiritualidad aparece por doquier en múltiples formas -nuevas y clásicas-. En cuanto a las nuevas se refiere, su origen es fundamentalmente una importación de tradiciones orientales, adaptadas, más o menos, a la mentalidad occidental, fruto, en parte, de la denostada globalización, que ha puesto a nuestro alcance ideas, que antes hubieran tardado milenios en asimilarse. Empero, no es, por supuesto, la globalización la responsable de ese desarrollo de lo espiritual al que hago referencia, ni del movimiento ciudadano. Ambos son, más bien, a mi parecer, la primera, resultado de una evolución teológica de la espiritualidad humana, y la segunda, del manifiesto desprestigio en que ha caído la política en nuestros tiempos. Muchos son los escándalos y fracasos achacables a los políticos y a la dinámica política, que hemos tenido que sufrir los ciudadanos. En última instancia la Crisis Económica. De la cual todos sabemos su existencia, pero muy pocos sus verdaderas causas. Aunque de lo que el Pueblo está seguro es de que le tocará, una vez más, “pagar el pato”, con el inevitable enriquecimiento de los ricos y empobrecimiento de los más pobres.
Retomando el hilo de este artículo volvamos a esos nuevos “animales” que, fruto de la selección natural han surgido en estos principios de siglo: Espiritualidad Y Movimiento Ciudadano. Y les llamo animales no por retórica, sino porque su comportamiento se presume, a poco que indaguemos, muy similar al de los grandes depredadores. Y así deben de verlos los Políticos de turno, porque evitan hablar nada bueno de ambos, incluso, hacen como si no existieran, pero queridos lectores piensen por su cuenta y verán que ambas novedades son harto peligrosas para los de siempre. Para los ricos y políticos liberalistas (a los que los más adelantados quieren darles el nombre de tercera vía a modo de patina modernizadora que les libre de la que viene) la Espiritualidad y el Movimiento Ciudadano, son un verdadero peligro (unos depredadores para los asentados en el estatus quo). Sigamos pensando con un poco más de osadía. Si la Espiritualidad del hombre crece, se puede llegar a lo que el querido Dalai Lama llama Revolución Espiritual . Ésta llevaría a los individuos automáticamente a pasar de meros consumidores a la categoría de Personas. Cosa peligrosa para los ricos liberalitas, ya que el consumo, supuesto perpetuum movile de la sacrosanta economía globalizadora, pasaría a un segundo o quinto plano para las Personas. Y sería ¡intolerable! Iría contra la Economía, como si fuese un Dios al que todos debemos adorar.
Si seguimos con este vicio de buscarnos la infelicidad pensando, analicemos ahora las repercusiones sociales que puede tener el creciente Movimiento Ciudadano. Se podría decir que en los últimos lustros. Sobre todo en el nuevo siglo, está surgiendo un crecimiento del Movimiento Ciudadano. En esto ha tenido mucho que ver la disminución ascendente, por parte de la ciudadanía, en la fe en la política, vamos, el consabido desprestigio de la política logrado por sus agentes, los políticos. El pueblo está lisa y llanamente harto de los políticos. Los habrá, claro está, de todos los sabores y colores, y algunos se dejarán la piel en su oficio, pero el sentimiento general de la población hacia la política es de descrédito. La política falla una y otra vez, y deja al ciudadano sin trabajo y con hijos que alimentar quemarse a lo bonzo ante la Concejalía de Asuntos Sociales. Son entonces las ONGs, o Movimiento Ciudadano las que se ven en la necesidad de suplir lo que el Estado con nuestros impuestos es incapaz de hacer. ¿Por qué ocurre esta falta de eficacia en la política? Creo que harían falta varios tomos para explicarlo en profundidad, pero el señor de la calle ya tiene su conclusión, y apuesta, cada vez más, por la despolitización y por el Movimiento Ciudadano.
Para terminar este artículo de opinión, recomendaría a las Personas que componen los pueblos en este mundo globalizado, que intercambien opiniones y experiencias para lograr el crecimiento del Movimiento Ciudadano y la Revolución Espiritual. El resultado puede ser un nuevo y más productivo enfoque de nuestra sociedad, haciéndonos dueños verdaderos de nuestra dinámica social, y artífices de nuestro futuro en esta era de Aquarius que ahora empieza.








