Me he levantado esta mañana filosófico con dos preguntas rondándome la mente: ¿Qué es un padre ideal? y ¿por qué no? ¿qué es un hijo ideal?
En fin, que no somos buenos padres. Por lo visto deberíamos ser más "tolerantes", y por esto se entiende dejarlas hacer a sus anchas lo que les venga en gana. Pero esto resulta difícil si se quiere vivir en comunidad. Si no hay normas qué difícil se hace la convicencia. Ellas dos tampoco deben de ponerse de acuerdo ni ser buenas hermanas ya que siempre se están peleando. Toda esta amalgama de males familires componen nuestra rutina diaria, y me temo que la de muchos padres. Se podrían añadir muchos detalles y el que lo desee puede añadirlos a continación en el blog para hacer la descripción de la familia del siglo XXI más florida. Y yo me pregunto ahora ¿qué es un hijo ideal? Porque siempre estamos hablando de las escuelas de padres y toda clsede asesores y bibliografía sobre cómo ser un buen padre, por cierto, a todo lo cual mis padres no tuvieron acceso: serían unos padres horrorosos, supongo. Aunque yo no me di cuenta, debí de ser un niño maltratado y ¡malcriado! y ¡sufridor hasta el tuétano! o como diantres quieran los psicólogos decir. Así me va en la vida. Y con tanto trauma que arrastro soy un mal padre, claro ¿cómo iba a ser de otra manera. El caso es que lo que decían mis padres yo lo hacía sin rechistar: no cabía otro modo de actuar. Ni se me pasaba por la cabeza, y tuve que sufrir la "tiranía" de mis padres que me dejó hecho una piltrafa carne de diván del psicólogo. Os prometo que intento poner en práctica obedientemente lo que me dice mi psicólogo y lo que ponen los libros para ser un buen padre, pero esto va e mal en peor, y son mis hijos los que mandan en casa. Son ellos los que "dictan" las normas, y, aun así no están nunca contentos. Me paso la vida buscando la paz familiar, y lo único que encuentro es la guerra. De veras que estoy hecho un lía. Yo tenía la peregrina idea de que si había hecho a pie juntillas todo lo que mis padres me habían ordenado, cuando me llegara el turno de ser padre, en justa reciprocidad, mis hijos harían lo que yo ordeno, ¡pero no! Es al revés; para ser un padre políticamente correcto tengo que sufrir sus mandatos y hacer lo que llos digan. Sólo así puedo aspirar a ser un buen padre. Esta generación nuestra es la "generación sandwich". Estuvimos bajo el dictado de nuestros padres y ahora bajo el de nuestros hijos: ¡el mundo al revés! Somos una generación de padres sufridores natos. Con razón nadie quiere tener hijos. ¡Cualquiera tiene los suficientes cataplines para tener más de dos hijos!










