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| vida después de la vida |
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“Pensamientos sobre la vida después de la vida”. Dice Jesucristo: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza…” Dice Kempis: “Vanidad de vanidades, y todo vanidad sobre la tierra” Jesús los escogió pescadores, hombres sin estudios: no tenían carreras ni conocimientos humanos. La verdadera sabiduría es algo distinto (véase Kempis). Jesús nació pobre; era un simple carpintero.
Francisco de Asís se despojó en la plaza pública de sus ricas vestiduras y vivió una vida de máxima austeridad buscando la inspiración divina; la voluntad de Dios: “Francisco, arregla mi Iglesia”.
San Pablo, primero perseguidor de cristianos: un pecador. Después fue uno de los más grandes Santos: “El apóstol de los gentiles”. Fue su apostolado el que le llevó a estar a la altura de San Pedro.Muchas personas se preguntan sobre lo que pasa con la memoria (del alma) en caso de lesiones cerebrales. No le encuentran explicación, ya que si el alma es consciente y se lleva consigo sus conocimientos y responsabilidades a la otra vida, ¿cómo es que una lesión cerebral o el Alzheimer nos dejan sin consciencia ni memoria? ¿Sigue el alma consciente ahí detrás sin poderse comunicar con el exterior?A mí me surge la siguiente duda al respecto: ¿Y si todo es podredumbre, si polvo somos y al polvo volveremos?¿Es posible que nuestras carreras desaparezcan con nosotros al morir o con nuestras enfermedades cerebrales?¡Sería horrible! Parece la mayor de las injusticias. Sin embargo, por otro lado, sí asumimos que nada material nos hemos de llevar con nosotros: es hecho empíricamente comprobado. No nos llevamos nuestras casas, nuestra cuenta bancaria, nuestros libros. ¿Por qué pensamos que ha de ser distinto con nuestros conocimientos? “Vanidad de vanidades”. Es pura vanidad creerse que en la otra vida vamos a seguir siendo más listos o tener más conocimientos que los menos listos o que han estudiado menos. Eso sería pensar en un más allá demasiado simplista y hecho a la medida del hombre.Los nuevos conocimientos físicos (mecánica cuántica) nos enseñan cosas como que las partículas elementales del átomo pueden cambiar su estado simplemente por su observación. Que una partícula puede estar en dos sitios al mismo tiempo, que un gato puede estar muerto y vivo al mismo tiempo. La ciencia empieza a acercarse a las fronteras de nuestra capacidad de razonar. ¡Cuán distinto es esto de nuestra vida cotidiana; tan previsible; tan palpable y medible; tan newtoniana (materialista). ¡No pensemos en un “alma newtoniana” (que podamos comprender)! Los santos pensaban de otra forma. Ver lo que dice Kempis o Santa Teresita de Lisieux o Edith Stein. O las mismas palabras de Cristo; de su Sagrado Corazón.No acumuléis riquezas en la tierra, donde roen la polilla y la carcoma, donde los ladrones abren brechas y roban. 6,20 Acumulad riquezas en el cielo, donde no roen polilla ni carcoma, donde los ladrones no abren brechas ni roban. 6,21 Pues donde está tu riqueza, allí estará tu corazón” . “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a esa montaña muévete y se movería” (mecánica cuántica espiritual). El “alma cuántica” (espiritual), a diferencia del “alma newtoniana” (materialista) es mucho menos simplista; menos explicable con nuestra pobre inteligencia mundana y nuestra miopía terrena. Son muchas las presunciones que tenemos para dar respuestas satisfactorias a nuestro mundo; incluso hemos inventado un “alma newtoniana” (a imagen y semejanza nuestra). Donde todo es caos, queremos encontrar un orden predecible que nos satisfaga y nos de seguridad en nosotros mismos. El alma también ha de encajar con las leyes de la naturaleza que conocemos. ¡Como si después de nuestra muerte estas leyes hubieran de prevalecer!Estamos ciegos y sordos. No vemos más allá de nuestra propia mortalidad, y de nuestro mundo corruptible.Dios lo hace todo a lo grande. Para Él no existen el tiempo ni lo finito, ni la materia, ni la mente tal como los conocemos.No niego que Dios nos haya dado un conocimiento somero sobre el más allá ni sobre Él mismo: creo en la revelación. Es ese precisamente el problema: que es tan grande lo revelado que nos negamos a comprenderlo. Hay que mirar la Biblia con los ojos del alma. Sólo los que se hagan como niños entenderán el mensaje de Dios. Por eso Cristo decía: “dejad a los niños que se acerquen a mí”. Hay que orar sin descanso para que Dios nos ilumine y nos ayude a entender el mensaje divino que está en la Escrituras. Visible para quien pueda ver con los ojos del alma: “los ciegos verán”; “los sordos oirán”.¿Por qué Cristo no nos lo explicó todo de una manera más sencilla? Lo hizo de la manera más sencilla que podía, pero para la forma de comprender de nuestras almas inmortales. Para los ojos y los oídos del alma, no para unas mentes chatas y corruptibles de mirada ciega.“Creemos ver, pero no vemos”; “creemos oír, pero no oímos”. Y cuanto más nos esforzamos en ver, oír y pensar a lo humano, menos vemos, oímos o pensamos en Dios.“Dios es amor”. Sólo el amor perseverará tras la muerte.La realidad que nos espera tras esta vida -la vida eterna- no obedece a las leyes de la naturaleza que conocemos. ¡A ninguna de ellas! Ya no es nuestro mundo (ni el de Satanás). Es el mundo de Dios. “Es la verdad y la vida”.Conoceremos un mundo que no podemos imaginar. Ahora estamos ciegos y sordos, y, a pesar de que podamos poseer grandes conocimientos, somos ignorantes para las cosas de Dios. Si nos dejamos iluminar por Dios, encontraremos el verdadero conocimiento y veremos y oiremos. Pero sólo los limpios de corazón, los mansos, los que hayan amado lo encontrarán. Los demás seguirán aferrados a sus miserias, que tanto han amado: eso se llevarán consigo, y eso encontrarán: miseria y más miseria, en vez de amor y más amor.Sólo la luz del Espíritu Santo que trasciende hasta nuestro mundo terrenal pude ayudarnos a ver “La Verdad”. Imploremos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos muestre el Camino, la Verdad y la Vida.Jesús nos dejó su Espíritu hasta el final de los tiempos. Él implora al Padre por nosotros “con gemidos inenarrables”. Escuchémosle como lo hicieron los santos, y nos llevará hasta la Verdad y la Vida.Sólo cuando nosotros no estamos está el Espíritu en nosotros. Cuando renunciamos a todo, a toda esa pesada carga que llevamos. Jesús prometió que su yugo era ligero y que Él llevaría nuestras cargas. Dejémoslas todas en sus manos amorosas de padre. Despojémonos del hombre viejo.En la otra vida ya no necesitaremos todas esas cargas, todos esos conocimientos y erudiciones limitados. Abandonemos todos nuestros materialismos, porque le tendremos a Él. Le poseeremos completamente. Dejemos de ser “alma mundana” para ser “alma de Dios”.No sabemos cómo será la recompensa que Jesús prometió a quienes le siguieran. Vamos “como corderos al matadero”. Pero sí sabemos que será buena para nuestra alma, porque nuestro padre es amor. Confiemos ciegamente en Él, y hallaremos la merecida corona inmarcesible.¡Dios es un Dios de vivos, no de muertos! Si con Él vivimos, con Él moriremos. Y viviremos la vida eterna. El gozo que nunca se acaba.¿Acaso junto a Dios necesitaremos nuestra pobre filosofía terrena? ¡Qué poco esperamos de Dios!Él transformará nuestro pobre y limitado conocimiento en amor infimito, en conocimiento eterno. Nos mostrará la verdad. Démosle la oportunidad de que Él nos colme con su verdad. Preparémonos para este viaje sin alforjas. Arrojemos de nosotros todos esos pesos muertos que creemos tan importantes. Creamos verdaderamente en Él, y entreguemos nuestra alma desnuda para que Él la vista con Verdad y Vida.Y ¿cómo quiere Dios que nos preparemos? Lo dejó dicho su hijo; en las Escrituras está. Leamos atentamente una vez más “el sermón de la montaña”, y vivamos las bienaventuranzas.¡Dejémosle hacer en nosotros! No queramos adelantarnos con nuestra propia ciencia, con nuestra forma de pensar y hacer las cosas. Sólo así hallaremos la Verdad en esta vida, y tendremos un adelanto aquí en la Tierra de la vida eterna. No desperdiciemos el tesoro que Él quiere poner en nuestras manos adorando a falsos ídolos. No ocupemos nuestro corazón con mentiras que no son de Dios, y Él nos mostrará el camino, y nos mostrará un poquito ese cielo que nos espera para que veamos y seamos testigos suyos: Apóstoles en la Tierra. ¡Que son tantas las almas necesitadas de su Amor! ¡Surge et deambula! (¡Levántate y anda!). Ramón Horn Ureña
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