Parece existir una pugna entre los intelectuales y los “teleadictos”. Entendiéndose por tales los adictos a la telebasura.
En esta lucha fraticida, pues todos somos “hermanos” culturales de occidente, no habrá (de hecho ya sólo hay) perdedores. Los ciudadanos perdemos en la discusión sobre la calidad de la televisión la oportunidad de conseguir una televisión mejor. Es una discusión baldía, ya que no se predica con el ejemplo. Son multitud los que critican la televisión, pero, sin embargo, persisten en el consumo televisivo compulsivo.
Se habla del “modelo televisivo”, como forma de entender el ocio, frente a otro modelo de la lectura, el deporte, etc., es decir, no televisivo. Pero ¿realmente pensamos que en la actualidad se puede ya entender una sociedad sin televisión?, ¿o, por lo menos, sin otorgarle el protagonismo que merecidamente se ha ganado? Dejémonos de sandeces y descendamos al mundo de la realidad cotidiana. La televisión es un medio de comunicación de masas como no hay otro, con unos valores inherentes a sus características técnicas y cualidades sociales indiscutibles. ¿Por qué no hacemos cierto el adagio “si no puedes ir contra ellos únete a ellos”?,¿Por qué no empezamos los televidentes a hacernos valer como consumidores activos de este medio tan maravilloso? ¡Pasemos a la acción y participemos! Ha llegado la hora de arrimar el hombro a los medios televisivos y cooperar con ideas constructivas para lograr una televisión digna de la persona.










