Creo que por, las reacciones habidas a mi anterior artículo “Movimiento Antipolitización”, no se entendió completamente lo que yo en éste quería decir, posiblemente por lo controvertido del tema.
En “La República de Platón”, varios siglos antes de nuestra era, ya se discutía cuáles podrían ser la mejor filosofía y la mejor forma de organización del estado. Así que esta discusión ya viene de viejo. Sin embargo, en este libro emblemático de Platón se concluye, eso sí, que hace falta una forma de gobierno, y que los políticos son, por tanto, necesarios para la sociedad.
En mi artículo no pretendía hacer una proclama anarquista, ni nada por el estilo. Tampoco manifestaba un denostar generalizado hacia la llamada “Clase política”. ¡Dios me libre! ¡Todo lo contrario! Mi artículo pretendía ser un aldabonazo a la conciencia ciudadana. La que engendra la verdadera política y de la que nacen los grandes políticos que hacen grande un país.¿Cuántos Abraham Lincoln, Otto von Bismarck, Konrad Adenauer, Manuel Azaña, Winston Churchil, J. F. Kenedy, Leopoldo Calvo Sotelo, Adolfo Suárez, etc. ha habido en la historia mundial que han hecho grande la política y han engrandecido el mundo con sus ideas?
A lo que pretendía llamar la atención era hacia la excesiva proliferación de políticos, y, por ende, la disminución de la calidad y capacidad de éstos. Antes de las Autonomías (con sus pros y con sus contras) había en Madrid un puñado de Directores Generales de las distintas áreas, que, dependientes de los Ministros, regían los designios del país. ¿La proliferación de los políticos por las autonomías no habrá disminuido la calidad de éstos, por mera teoría de probabilidades? ¿Qué posibilidad hay de encontrar suficientes buenos políticos para llenar tantos escaños como han surgido? ¿Y el coste económico de esta clonación de estados?
No existe ya un concepto global de Estado, a expensas de un desperdigamiento y despilfarro generalizado. Ya no existen los grandes estadistas (o es muy difícil su existencia), porque el sistema lo impide. El desmembramiento de España ha ido en detrimento de los grandes políticos y de las grandes políticas. No existe un concepto global de Estado, sino un crecimiento desmesurado de capillitas.
Sí que creo en la política y en los políticos: en los grandes políticos. Y, por Dios, que estos hacen más falta que nunca. ¡No a la cantidad, sino la calidad, que es lo que hace falta. Los políticos de siempre han sido sustituidos por políticos empequeñecidos y por corporaciones privadas, que son los que administran realmente nuestro país, y que no hacen más que preocuparse por las espadas de Damocles de la reelección que penden eternamente sobre sus cabezas (y esto no digo que sea malo en absoluto, tal y como está el patio). Otras veces no son las elecciones las que quiebran sus vértebras, sino que sus cuellos son sesgados prematuramente por motivos abstrusos, fruto de una política empequeñecida y localista, en que prima el parentesco antes que la valía personal. Un buen curriculum en los tiempos que corren es tener un buen cuñado o alguien, que en el entramado político, te deba un favor.
Y todo esto es fruto de una mala praxis política, en la que prima más el enriquecimiento y el engolamiento personales que el servicio ciudadano y a nuestro país.
¿Cuándo nos daremos cuenta los ciudadanos y saldremos a las calles a pedir menos política? ¿Cuándo pondremos en marcha el
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